
Siete años no son solo una cifra. Son una acumulación de versiones, decisiones y silencios que terminan construyendo algo más grande que la idea original.
En febrero cumplimos 7 años activos como agencia, y aunque hoy nos conocen como Gato Índigo Mkt, nuestra historia comenzó mucho antes, cuando todavía no sabíamos que esto iba a transformarse en un proyecto con identidad propia.
En nuestros inicios éramos Marketing Sin Secretos, un nombre que reflejaba más una intención que una estructura. En ese momento todo era muy directo, casi artesanal: Dany liderando la estrategia, el contenido y la visión general, y Alan desde el diseño, dando forma visual a ideas que aún estaban aprendiendo a existir como sistema. No había una agencia como tal, sino una forma de trabajar que se iba definiendo con cada proyecto, con cada cliente y con cada error que también enseñaba algo importante.
Con el tiempo, ese espacio pequeño empezó a crecer. Llegaron más proyectos, más responsabilidades y también la necesidad de dejar de ser solo dos personas resolviendo cosas, para empezar a ser una agencia con estructura. Así nació Somos Marketing, una etapa de transición donde el nombre ya hablaba de colectivo, de expansión y de una forma más madura de entender el marketing. No era solo ejecutar, era empezar a pensar como agencia, a construir procesos y a sostener una identidad más clara frente a los clientes y el mercado.
El año pasado dimos el paso que cerró un ciclo y abrió otro: el cambio a Gato Índigo Mkt. No fue solo un rebranding, fue una decisión de identidad. Un nombre que no solo representa lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Gato por la intuición estratégica, la observación silenciosa y la independencia creativa. Índigo por lo emocional, lo simbólico y lo profundo en la forma de construir marcas. Desde ahí, la agencia dejó de ser solo un servicio para convertirse en una forma de pensar el marketing desde la narrativa, la estética y la coherencia.
Hoy, después de siete años, no miramos la evolución como una línea recta, sino como una serie de etapas que nos fueron obligando a crecer sin perder el criterio ni la esencia. Cada nombre marcó una forma distinta de entender el trabajo, pero todos comparten algo en común: la intención de construir marcas con sentido, no solo con presencia.
Siete años después, seguimos siendo los mismos en origen, pero no en forma. Y quizá ahí está la verdadera evolución: no en dejar de ser lo que éramos, sino en aprender a convertirlo en algo más sólido, más consciente y más propio.